domingo, 2 de abril de 2017

Qué ofrecen las opciones que las acciones no pueden?

A lo largo de muchos años he visto diferentes maneras de invertir en los mercados de acciones. Hay sistemas de todo tipo, aunque los predominantes son el análisis técnico (AT) y el análisis fundamental (AF). Por dar una idea general, el AT trata de extraer conclusiones a través del análisis de los precios, muchas veces el análisis es estadístico y a veces va mucho más allá, buscando patrones que se piensa que pueden repetirse. En definitiva, el AT basa la decisión de invertir o deshacer la inversión en el gráfico de precios pasados. 

El AF basa la decisión de invertir en ratios de tipo económico-financiero que caracterizan a la empresa, como por ejemplo cuantos beneficios ha generado la empresa en el pasado, cuantas veces el precio contiene al beneficio por acción, cuál es el cociente entre el precio y valor contable, y un etc. muy largo que no es el momento de desarrollar. Igual que en el AT, el inversor analiza estos ratios y determina si la empresa está cara o barata comparado con los ratios mostrados en el pasado. Por ejemplo, cuando el PER es elevado históricamente se dice que la empresa está cara, pero cuando es bajo se dice que está barata, como se escucha hoy día respecto al mercado americano.

Otros modelos combinan un poco de AT y AF, pero no dejan de basar la decisión de invertir en datos pasados. En el ADN del inversor también reside el ingrediente del "futuro". Todo inversor, de alguna manera, hace una quiniela, una estimación de lo que espera de la empresa y su entorno, y su evolución en bolsa. Por ejemplo, actualmente se piensa que la paulatina subida de tipos por parte de los bancos centrales puede favorecer al sector banca y seguros porque su margen está estrechamente relacionado con el nivel de tipos de interés.

En definitiva, basándonos cada uno en lo que sea (por supuesto todo es criticable), invertir en acciones según el perfil del inversor y su plazo de inversión, tiene dos posibles resultados: que haya acertado o me haya equivocado. Es un resultado digital. En el fondo,  y puesto que nadie conoce el futuro tienes un 50% de probabilidad de acertar o fallar. Ese acierto o fracaso se puede mantener en el tiempo para ver si se le puede dar la vuelta al resultado obtenido al plazo inicial planteado. Es lo que a veces los defensores del AT, mucho más relacionados con el cortoplacismo, critican a los defensores del AF "una inversión fallida a corto plazo se convierte en una inversión a largo plazo".

Lo cierto es que todo el mundo espera obtener una rentabilidad positiva en el mínimo tiempo posible, y cuando no sucede así unos deshacen con pérdidas (los famosos stop-loss) y otros mantienen la inversión porque ni están apalancados ni necesitan el dinero y esperan que en un futuro se corrija la situación.

Lo que ofrecen los derivados, en este caso las opciones, es poder modular (hasta cierto punto) la probabilidad que se tiene de acertar o fallar. Esto se instrumenta mediante la ecuación de Black-Scholes, que proviene de la física (difusión del calor en un metal) y la teoría de juegos. 

Otro aspecto interesante de las opciones es que, como inversores, hay más maneras diferentes de obtener el beneficio. Se puede obtener beneficio a partir del cobro de primas exclusivamente (como haría un vendedor recurrente de puts muy out the money), o de la diferencia entre las acciones compradas por la ejecución de puts vendidas y las acciones vendidas por la ejecución de calls vendidas, o mediante un determinado posicionamiento en términos de volatilidad, etc. Las estrategias con opciones son infinitas...

Con los derivados también se puede jugar con el concepto de apalancamiento. Aunque personalmente no me gusta apalancarme, es un grado de libertad más que permite obetener rentabilidades muy aceptables sin tener que disponer del 100% del efectivo.

Asímismo, con las opciones se puede jugar con el factor temporal. Puedes apostar a que sucede algo a un plazo determinado, escogiendo entre diferentes vencimientos. Puedes ganar sin siquiera haber acertado la dirección, sólo dejando pasar el tiempo (efecto theta para un vendedor de opciones). Y como no, también se puede operar cubriendo la delta o sensibilidad al precio del subyacente y centrarse únicamente en la evolución de la volatilidad. De hecho se puede estar satisfecho tanto si se ejecuta una opción como si no, bien porque ya te interesan esas acciones a los precios de ejecución o bien porque se ha cobrado una prima sin asumir más riesgos, y este punto es importante para la salud mental del inversor, tener la sensación de que pase lo que pase estás bastante satisfecho.

Por último, está claro que si un inversor tiene buen método o buen olfato con la direccionalidad de las acciones no tiene porqué cambiar y para esa persona no tendría mucho sentido invertir mediante opciones. Para que cambiar cuando todo nos va bien?

Tengas el método que tengas, no hay que dejar de estar al día en cuanto a actualidad económico-financiera y en cuanto a nuevos productos que salen al mercado o nuevos métodos de inversión (como por ejemplo la inversión por factores). Con los años se va desarrollando un olfato o sexto sentido que ayuda y mucho, sobretodo en momentos en el que el miedo o la euforia invaden los mercados y la psique de los inversores.